·Irvin Contreras

¿Por qué corres?

No se trata solo de correr, sino de saber hacia dónde y por qué. Cuando entiendes cuál es la meta, tu manera de vivir cambia por completo.

¿Por qué corres?

1 Corintios 9:24 (RVR1960)

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

Todos, sin excepción, estamos corriendo en la vida. Tal vez no lo ves así, pero cada día tomas decisiones, persigues algo, inviertes tu tiempo y tu energía en lo que consideras importante.

Algunos corren detrás de metas personales, otros buscan estabilidad, reconocimiento o simplemente sentirse bien.

El apóstol Pablo usa la imagen de una carrera en un estadio para ayudarnos a entender una verdad: no se trata solo de estar en la carrera, sino de cómo la estás corriendo.

En un estadio, muchos corredores participan, todos se esfuerzan, todos avanzan pero no todos corren con la misma intención.

Y ahí es donde este versículo nos confronta: ¿Cómo estás corriendo tú?

Porque hay una gran diferencia entre vivir por inercia y vivir con propósito.

Lo mismo pasa en la vida espiritual, muchos:

  • Van a la iglesia
  • Escuchan la Palabra
  • Dicen creer en Dios

Pero no todos viven con compromiso real.

La diferencia no está en comenza sino en perseverar.

Muchos salieron de Egipto, pero pocos entraron a la tierra prometida.

Dios no nos llamó a una vida espiritual pasiva, sino a una vida intencional.

Es importante saber por qué lo haces y no solo hacerlo por que si. Puedes hacer cosas buenas, tomar decisiones correctas, incluso servir a otros pero con una motivación equivocada. A veces hacemos lo correcto por costumbre, por presión, por miedo o incluso por amor al arte (solo porque te gustaba hacerlo).

Pero Dios no solo ve nuestras acciones, Él ve el corazón.

Por eso hoy es importante detenernos y preguntarnos con honestidad: ¿Por qué estoy corriendo?

Cuando la motivación es correcta, todo cambia. Ya no se trata de cumplir, sino de responder. Ya no se trata de hacer lo mínimo, sino de dar lo mejor.

No puedes vivir una vida espiritual fuerte con disciplina débil

Cuando Pablo dice: “corran de tal manera que lo obtengan”, no está hablando de competir contra otros, sino de vivir con enfoque, con determinación, con entrega total. Es una invitación a no conformarte con una vida espiritual a medias.

Aquí hay algo clave que no podemos perder de vista: No estamos corriendo sin rumbo, estamos corriendo hacia una meta eterna.

Nuestra meta no es el éxito, ni el reconocimiento, ni siquiera solo “vivir bien”. Nuestra meta es estar con Dios para siempre.

La Biblia lo expresa así:

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:14

Esto le da sentido a toda la carrera. No corremos por algo temporal, sino por algo eterno: ver a Dios, estar con Él y vivir para siempre en su presencia.

Correr para ganar significa decidir buscar a Dios incluso cuando no tienes ganas. Significa:

  • Hacer lo correcto cuando es difícil.
  • Mantenerte firme cuando sería más fácil rendirte.
  • Vivir con los ojos puestos en lo eterno, no solo en lo inmediato.

Y no se trata de perfección, sino de dirección. No se trata de nunca fallar, sino de seguir avanzando con el corazón correcto, sin perder de vista la meta: Cristo .

Hoy puedes hacer un alto y evaluar tu vida. Pregúntate:

  • ¿Estoy viviendo con intención o solo reaccionando a lo que pasa?
  • ¿Estoy dando lo mejor de mí a Dios, o solo lo que me sobra?
  • ¿Mi relación con Él es real o solo parte de mi rutina?

Dios no está buscando corredores perfectos, pero sí corazones sinceros. Personas que decidan correr con propósito, con pasión y con una motivación correcta, con la mirada puesta en Él.

Oración

Señor, hoy quiero detenerme y examinar mi corazón. Muéstrame si he estado corriendo sin propósito o con motivaciones equivocadas. Renueva en mí el deseo genuino de buscarte y agradarte. Ayúdame a no perder de vista la meta eterna, que es estar contigo. No quiero vivir una fe superficial, quiero correr con entrega, con pasión y con un corazón sincero delante de Ti.

Amén.