No pierdas el enfoque
En medio de las preocupaciones, responsabilidades y luchas diarias, es fácil perder de vista lo más importante: nuestra comunión con Jesús. Vivimos en una carrera constante donde todo compite por nuestra atención, pero Dios nos llama a mantener nuestros ojos puestos en Él.

Hebreos 12:2 (RVR1960)
Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Enfocarse en Jesús y no en las circunstancias es un desafío que vivimos a diario. ¿No lo crees? Los afanes y las preocupaciones de la vida nos atormentan cada día, haciendo que el enfoque en Jesús pueda desviarse del camino y hacernos perder la paz divina y el propósito de llegar a la meta de la carrera de la fe.
Vivimos rodeados de redes sociales, tareas diarias, tensiones, preocupaciones, enfermedades, comparaciones y muchas cosas más. Todo compite por nuestra atención en esta carrera. El enemigo sabe que, si logra dispersarnos, nos vuelve ineficaces.
¿Cuántos hemos leído este pasaje de la Biblia que menciona Lucas 10:41-42?
Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Marta se encontraba bajo una fuerte presión por atender a los invitados, cocinar y revisar que todo estuviera bien para Jesús. Perdió el enfoque principal del propósito de la visita de Jesús. Marta fue una corredora distraída, ocupada y desenfocada de la meta principal de su vida. ¿Te identificas? Nosotros, a diario, nos levantamos con muchas tareas en nuestro hogar, trabajo, iglesia, servicio, hijos, etc.; pero no dedicamos un tiempo personal a solas con Jesús, pegados a la Vid verdadera, como menciona Juan 15:5, ya que fuera de Él nada podemos hacer. Algo tan sencillo que Jesús desea de nosotros y no lo damos por distracción o afanes. Algo que María sí entendió en ese momento y por eso se mantuvo enfocada en la meta.
La intención del corazón de Marta no era mala, pero perdió de vista a quien estaba siguiendo en la carrera. No era el momento ni el tiempo de distraerse con el servicio; Jesús venía a darles el verdadero alimento y por eso le hizo esa amable exhortación, confrontando la realidad que nos embarga cuando queremos hacer las cosas a nuestra manera y no como Jesús nos enseña. Me imagino que quiso decirle algo así: “No pierdas tu mirada en la meta, Marta; lo que necesitas en este momento es estar conmigo y alimentarte de la fuente de agua viva que dará descanso a tu alma turbada para siempre”.
David dice en su salmo: “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo”. Adoración y aprendizaje: las dos actitudes prioritarias del creyente fiel y enfocado en llegar a la meta de la carrera de la fe a los pies del Señor.
Joanna Weaver, en su libro Cómo tener un corazón de María en un mundo de Marta, escribe así:
Vivimos en constante tensión entre lo urgente y lo importante. El problema es que lo importante rara vez debe hacerse hoy, o siquiera esta semana. Las horas extra de oración y estudio bíblico pueden esperar. Pero las tareas urgentes requieren una acción inmediata: un sinfín de exigencias que nos presionan a cada hora y cada día, haciéndonos perder el enfoque de nuestra carrera en lo verdadero.
Es más fácil envolvernos en tareas, aun para el Señor, y descuidar nuestra vida devocional y el estar a sus pies para oír su palabra. En vez de darle “nuestra comida”, nuestro servicio, es mejor alimentar nuestras almas con la suya.
Un corredor no corre bien sin hábitos:
- Tiempo con Dios = entrenamiento diario
- Oración = recuperar aliento y fuerzas
- Palabra = dirección del camino que nos impulsa a llegar a la meta de la fe
Por eso necesitamos detenernos y hacer una pausa intencional. Pregúntate: ¿Estoy alimentando mi enfoque espiritual o dejándome llevar por el ruido? Nadie corre bien una carrera sin entrenamiento; tampoco se puede correr la fe sin intimidad con Dios.
Tener enfoque no es hacerlo todo, sino hacer lo que Dios te ha pedido, con excelencia y fe. Jesús mismo se apartaba para orar, para volver a enfocar su alma en la voluntad del Padre. Recuperar el enfoque de la meta te devuelve la paz, la claridad y el gozo de correr con Dios. No dejes que los afanes de este mundo te hagan perder el principal propósito de lo necesario y verdadero, que es Jesús.
Déjame compartirte una parte de mi vida que estoy cruzando en esta carrera de la fe. Mi hija lucha contra una enfermedad llamada Leucemia, un diagnóstico que al inicio, para ser sincera, movió mi mirada de la meta celestial, debilitando las fuerzas humanas y espirituales en mi vida. Me cuestionaba si seguir corriendo en la fe era el camino correcto y, así como Marta, decidí enfocarme en buscar soluciones humanas, lo que llevó a que todo se complicara aún más, pues me sumergí en una profunda depresión y ansiedad, llena de temores que, según parecía, solo podían controlarse con pastillas y visitas al psiquiatra; pero me negué a esa solución.
Ver a una niña de tan solo un año y medio batallando por su vida vuelve loco a cualquier padre, y así me sentía juntamente con mi esposo, ya que es nuestra única hija. Perdí totalmente el enfoque. Tardé un año en asimilar la situación y en aceptar la voluntad de Dios. Fue hasta que humanamente ya no pude más que volví a la senda de la carrera para buscar su auxilio, para reconciliarme con el Padre. ¿Y qué crees? Ahí estaba esperándome, con sus brazos abiertos, con un susurro de amor diciéndome: “¡Te estaba esperando!”.
Hubo mucho llanto, gritos y amor; un consuelo que solo el Padre puede dar, una fuente de agua que sacia nuestra sed en esta carrera. Sentí cómo las cargas iban cayendo de mis espaldas y cómo podía avanzar más. Así fue que todas las mañanas iba a mi entrenamiento con el Padre para seguir esta dura carrera junto con mi esposo y mi valiente guerrera Sofía.
En este mes ya se cumplen 30 meses de tratamiento y de duras quimioterapias con nuestra pequeña, y estamos a unos días de verla tocar su campana, venciendo en el nombre de Jesús el cáncer y llegando a la meta esperada gracias a nuestro Padre.
Oración
Señor Jesús, ayúdame a enfocarme en llegar a la meta de intimidad contigo. Ayúdame a organizarme para que lo primero que busque cada mañana seas tú, un entrenamiento que fortalecerá mi espíritu en este camino. No permitas que los afanes de este mundo me gobiernen y hagan que desvíe la mirada de lo eterno. No te pido que me libres de las circunstancias trazadas en mi vida, sino que pueda cruzarlas enfocado en ti, para que todo sea más ligero y en paz. Te amo, Señor Jesús.
Amén.