Correr sin parar
La Biblia nos invita a ver nuestra vida como una carrera. No una carrera cualquiera, sino una que requiere resistencia, enfoque y determinación. Una donde no siempre gana el más rápido, sino el que decide no rendirse. La pregunta es: ¿cómo estás corriendo tu carrera?

Cuando nos proponemos metas, suele ser difícil alcanzarlas. Estamos acostumbrados a tener siempre algo a cambio, muchas veces tangible; por ello, cuando no vemos resultados, nos sentimos sin sentido. Nos cansamos fácilmente, aparece la desesperación, más aún cuando hay obstáculos y las cosas no salen a la primera.
El camino de Dios también está lleno de situaciones difíciles que pueden agotarnos y debilitar nuestra fe. Muchas veces dudamos cuando las cosas no van como queremos: una enfermedad, una petición no contestada y creemos que no estamos avanzando. Nos sentimos estancados y pensamos que Dios no nos escucha.
Dios nos habla de su camino y nos invita a verlo como una carrera que debemos correr hasta terminarla:
Hebreos 12:1 (RVR1960)
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
El camino de Dios es descrito en muchas ocasiones como una carrera que requiere paciencia; incluso, algunas traducciones lo comparan con un ejercicio de resistencia.
En este texto también se nos muestra que el pecado nos rodea y nos presiona para desviarnos de la meta. De aquí podemos destacar dos cosas clave:
- Un rival a vencer: el pecado y nuestra propia carne.
- Una disciplina que debemos vivir día a día, aun en medio de los obstáculos.
Quizá en muchas ocasiones has sentido que la meta es inalcanzable, que nadie puede recorrer este camino porque es demasiado difícil, que estás solo o que nadie te comprende, incluso que Dios no te escucha porque no responde a tus peticiones.
Pero debemos recordar que Dios ya cumplió su promesa en nosotros y también nos advirtió que habría dificultades:
Juan 16:33 (RVR1960)
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Dios nunca dijo que sería fácil, pero Cristo venció las dificultades de este mundo. Y no solo eso: preparó el camino para que nosotros pudiéramos acercarnos a Él.
Dios no nos pide perfección, nos pide perseverancia y paciencia. Sabe que es difícil, y por eso nos deja este ejemplo: Antes que nosotros hubo personas que caminaron en Dios y, aunque no fue fácil, pudieron lograrlo.
La “nube de testigos” mencionada en Hebreos se refiere a los héroes de la fe: personas que, siendo humanas, vivieron una vida digna de ser recordada.
Ellos caminaron en el camino de Dios, un camino lleno de dificultades y obstáculos. En Hebreos 11 se nos muestra cómo muchos no llegaron a ver el cumplimiento de las promesas, y aun así continuaron hasta el final:
Hebreos 11:39–40 (RVR1960)
Y todos estos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.
Vivieron situaciones difíciles y esperaron promesas, pero Dios tenía algo mejor preparado. Pensó en todos los que decidirían seguirle… pensó en ti y en mí.
Sí, no es fácil. No es fácil vivir en un mundo terrenal siendo propensos a las pasiones, cuando la promesa que tenemos no pertenece a esta tierra y no podemos verla.
Por ello, a través de su Palabra podemos encontrar inspiración. Dios nos invita, y al mismo tiempo nos reta, a soltar todo aquello que nos aleja de Él, a elegirlo por encima de nosotros mismos y a recordar que, aunque no es un camino fácil, tampoco es imposible.
Antes que nosotros hubo hombres y mujeres que terminaron la carrera… y hoy Él nos invita a correrla con paciencia.
¿Y tú?
¿Estás dispuesto a soltar aquello que te detiene de seguir verdaderamente a Jesús?
¿Estás dispuesto a ver tu vida de forma espiritual y soltar lo material?
Si tu respuesta es sí, comienza agradeciendo a Dios por preparar ese camino, por darte acceso a Él a través de su Hijo, por mostrarnos con su ejemplo que sí se puede. Y ora en tu corazón:
Oración:
Señor Jesús, te doy gracias por mostrarme que, aunque tu camino es difícil, contigo lo puedo lograr. Gracias porque me recuerdas que ninguno de tus hijos camina solo, sino que Tú nos llevas de la mano.
Ayúdame a caminar con sabiduría, a resistir y vencer cada obstáculo que se presente en mi camino. Pon en mí dominio propio, fortalece mi paciencia y dame perseverancia hasta alcanzar la meta.
Amén.